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Venezuela hoy y la Diplomacia.

Venezuela sigue dominando los encabezados internacionales por la aguda crisis multidimensional en la que sigue sumergida. Las diferentes facetas de la situación actual, hacen del caso venezolano un fenómeno casi inédito en varios ámbitos.

A pesar de la bonanza petrolera que percibió nuestro país desde inicios del nuevo milenio, la coincidencia con la llegada al poder del Socialismo del Siglo XXI, no daría resultados reales en materia de progreso político, económico y social. Y es que tal y como reseña Enrique Krauze en su obra El Poder y el Delirio, el proyecto del presidente Chávez dio rienda suelta a los embates del mesianismo de un caudillo que desde las ideas de Nietzsche, Marx, Bolívar, Ceresole y Dieterich, amalgamó los más contradictorios elementos ideológicos para eliminar a sus adversarios y perpetuarse en el poder, pero de este hecho, sólo quedó mayor pobreza y debilitamiento institucional.

En el contexto de una marcada crisis que día a día se profundiza, esta semana, las reservas internacionales de Venezuela perdieron USD 406 millones, cayendo a 8.126 millones de dólares siendo el nivel más bajo en 44 años, según datos publicados por el BCV. En el ámbito de la industria petrolera, Venezuela pasó de producir 3 millones de barriles diarios, con proyecciones de casi 5 millones de barriles, a menos de 1 millón de barriles por día. Esto es sólo una expresión de esta realidad.

La inestabilidad social está a la orden del día.

Esta peculiar y explosiva combinación, ha empujado a un gran número de venezolanos a embarcarse en una diáspora que hoy lidera los índices de inmigración en América Latina y todo el hemisferio. Según información suministrada por la ONU, unos 3,7 millones de personas se han marchado del país.

La crisis económica, se ha recrudecido por el acecho del fantasma del debilitamiento y colapso de los servicios públicos. Servicios básicos como el agua, la luz, y en días recientes la gasolina, agudizan el aguijón de una crisis cuyo destino parece incierto.

En la lista sigue la crisis política. Es uno de los escasos episodios de la historia universal donde no está en entredicho el reconocimiento del Estado sino del gobierno. A un año de un proceso electoral presidencial cuestionado, cuyos resultados no fueron convalidados ni por el candidato Henri Falcón, ni por gran parte de las cancillerías occidentales, el panorama es muy turbio. Por un lado tenemos la figura del diputado Juan Guaidó, quien para más de 50 países, no es sólo el presidente de la Asamblea Nacional sino que “ejerce las competencias de la Presidencia Encargada de la República”. Por otra parte, se encuentra el presidente Nicolás Maduro, cuya legitimidad de funciones al frente del Poder Ejecutivo es reconocida por el aparato burocrático de la nación, y por la mayor parte del hemisferio oriental, con la actitud reservada del Medio Oriente, con excepción de Irán y con el irrestricto apoyo de potencias como Rusia, China y Turquía.

En el ámbito de la diplomacia bilateral los procesos son mucho más simples. Por eso vemos cómo emisarios de Guaidó han sido reconocidos como Embajadores en algunos países. Destacable la dual pero hábil postura de Europa, al otorgarle a los enviados de Guaidó el título de emisarios personales del presidente de la AN. De resto, en el ámbito bilateral, vemos que la mayoría de las Embajadas venezolanas, siguen bajo el control de los Embajadores del presidente Maduro.

En el ámbito multilateral la situación es más compleja, así como los procedimientos. Casos como el de la OEA, donde sólo es necesaria la mayoría simple del Consejo Permanente, reconocen a Tarre Briceño como el Embajador legítimo de Venezuela ante el organismo, del que la administración de Maduro ya se considera fuera. En contraposición se encuentra la ONU, donde un cambio de representante distinto al embajador Moncada requiere la aprobación de dos terceras partes de la Asamblea General y el beneplácito de 9 de los 15 miembros del Consejo de Seguridad, sin el veto de ninguno de los 5 miembros permanentes.

En el panorama más actual, Maduro anuncia el adelanto de las elecciones parlamentarias, opción que diversos dirigentes de la oposición, dominantes en el Parlamento, han rechazado. Iniciativas como las conversaciones en Noruega, parecen estar dentro del espíritu del Art. 33 de la Carta de la ONU, que establece la resolución pacífica de controversias, pero para cualquier probabilidad de éxito es necesario la voluntad política de todos los actores. Esperemos que impere la racionalidad y que en última instancia sea el pueblo venezolano quien decida el futuro del país.

Embajador Julio César Pineda

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